jueves, 11 de marzo de 2010

PEPE CORUÑA

Pepe Coruña pasaba por ser el mejor pescador de costa, en cualquiera de sus artes, de toda la región noroeste. Era un individuo de unos cincuenta años, corpulento, aunque no muy alto, y de pelo canoso, que contrastaba con el perenne color tostado de sus marcadas facciones, que se entremezclaba con las coloradas venitas que surcaban sus mejillas y su nariz, delatando su más que notable afición por el vino clarete. Y que decir de sus manos, completamente encallecidas y llenas de pequeñas cicatrices producidas por las numerosas picaduras de anzuelos, que dejaban bien clara cual era su profesión. Con estas características, no debe extrañar a nadie que su lugar de residencia fuese el puente de un viejo pesquero, abandonado desde hacía años en el puerto de Sada.

En los veranos de los años 50 y 60, era público y notorio que durante la estancia del Caudillo en el Pazo de Meirás, los servicios de Pepe eran requeridos para colaborar con su excelencia en las jornadas de pesca a bordo del Azor. Como quiera que su adicción etílica era sobradamente conocida por los servicios de seguridad del Jefe del Estado, como medida precautoria se le recluía en uno de los camarotes del yate con tres días de antelación, estando durante ese período bien comido y con todas las atenciones, pero mal "bebido", toda vez que no le dejaban ni ver de lejos el alcohol, manteniéndole además bajo una vigilancia especial.

No obstante, en una de aquellas ocasiones, Pepe estaba aburrido dentro del camarote, y se le ocurrió meter la mano por uno de los ojos de buey que en él había, encontrándose con la agradable sorpresa de que comunicaba directamente con el bar, y las botellas de excelentes vinos y licores estaba completamente a su alcance. A pesar de que el Coes brillaba por su ausencia, tampoco le iba a hacer ascos a aquellas botellas de Napoleón y Chivas de 21 años, ni siquiera a las reservas de Rioja que allí había, así que los "viajes" que recibieron durante los tres días que Pepe presumiblemente estuvo a "secar" en el camarote se los puede uno imaginar. Moraleja: Cuando llegó la hora de venir a buscarlo para comenzar la pesca, Pepe tenía una castaña más grande que el ministro de Marina -en aquel entonces Castañón de Mena-.

Como ya no había forma de evitarlo, al carecer de argumentos para dejar a Franco sin su ayudante so pena de meterse en un grave compromiso, el responsable de seguridad decidió echar pelillos a la mar, en la suposición de que el respeto por su excelencia y el miedo a las consecuencias de una actuación desafortunada, colaborarían a despejarlo rápidamente de la tremenda tajada que llevaba encima. Craso error, porque aunque al principio todo fue bien, el problema surgió cuando, ya en alta mar, picó la primera pieza. Se trataba de un túnido de respetable tamaño, tanto que Franco -contra todo lo que se ha comentado al respecto, un excelente pescador- trató de izarlo a bordo con la manivela, pero el excesivo peso de la pieza no le permitía maniobrar con comodidad, y en un momento dado estuvo a punto de perderla. En ese instante, a Pepe no se le ocurrió otra cosa que quitárselo de delante con un empellón que a punto estuvo de arrojarlo por la borda: -Quita de ahi, "atontao", que non tes nin puta idea. Vai tomar po lo cu- exclamó exaltado al tiempo que agarraba fuertemente la manivela. En un abrir y cerrar de ojos, un número de pistolas que no pudo determinar le estaban apuntando directamente a la cabeza. Ya se veía perdido -aun ni por esas soltó la manivela- cuando la aflautada voz del Caudillo, que a él le sonó a música celestial, paró la más que probable ejecución: -No, déjenlo tranquilo, que sabe bien lo que hace- Y siguieron pescando como si tal cosa.

1 comentario:

  1. estimado paisano, gracias en primer lugar por compartir estos relatos tan simpáticos e interesantes para coruñeses nostágicos como yo. Mi padre y mi tío Pelucho fueron buenos amigos de Pepe y en mis años mozos tube la suerte de salir a pescar con el, con mi padre y con mi tío muchas veces. Discrepo, eso sí, en la corpulencia del maestro Pepe pues era del tamaño y grosor de una cerilla, pero lo que no hay duda es que fué el mejor pescador de nuestra ría lo que, desgraciadamente, también le originó envidias de otros marineros y que , también desgraciadamente, marcó el final de su vida como usted bien sabrá, concretamente a raíz de su enfrentamiento con la familia de Los Cachorros... la íltima vez que lo vi fué en la carcel antigua de La Coruña, donde era muy querido y donde nunca le cerraban la celda porque salvo cuando estaba bebido Pepe era un trozo de pan. Hay una anécdota fantástica de una jornada de pesca con Franco presenciada por mi querido y añorado padre en la cual le dijo al caudillo cuando estában embarcandose que si salía con ellos a pescar el marqués de Villaverde, el, pepe, no se embarcaba... y ni corto ni perezoso, el dictador obligó al mal cirujano a volver a Meiras.... hay mil y una histórias más sobre este gran marinero y pescador que estaré encantado de compartir con usted. Muchas gracias de nuevo por compartir tantas y tan bonitas historias de nuestra ciudad y encantado de conocerle a través de este medio aunque será un placer que en alguna de las numerosas visitas que hago a lo largo del año a Coruña concerle en persona. Un abrazo y felices fiestas navideñas.

    ResponderEliminar